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Mostrando las entradas de marzo, 2025

Estrella Negra

  Despierto por la mañana y leo los mensajes que me enviaron amistades y familia que sabían de mi fanatismo: “Murió David Bowie”. Me revolví en la confusión. No sabía cómo experimentar esto y… Espera… ¿así es como quiero relatar esto? Me enfrento al momento de tener que escribir sobre una canción, un disco, algo que me remueva en la escena musical. Obvio que pienso en su último día, y en su último disco que salió un par de días antes de su muerte. Recuerdo que tenía una relación tóxica con un hombre en ese tiempo, y en uno de sus pocos actos faltos de narcisismo llegó con ese disco de regalo. No lo abrí. Me costaba hacerlo.   Algo en mí evitaba ese momento, marcaba más el final al tomar ese disco y escucharlo, pero dejarlo ahí intacto me daba una sensación de que quedaba más de su obra por experimentar, y eso lo dejaba de alguna forma vivo. Recuerdo que tiempo más tarde hablaba con un amigo acerca de esto y me mencionó que tampoco lo había oído, que sentía que hacerlo iba ...

Las partes que me habitan

  Estando en el vientre me revolvía en las aguas del útero, sintiendo los latidos de mi madre como un tambor envolviéndome decidí que no quería ser parte de este mundo, ¿para qué?, aquellos llantos de mi madre no me parecían la mejor razón para nacer. Tomando aquel cordón que me alimentaba lo enrosqué alrededor de mi cuello. Para mi mala fortuna decidieron sacarme a través de una cesárea que anulaba todo intento prematuro por la muerte. Soy la muerte fallida. A medida que crecía mi instinto de muerte se hacía cada vez más intenso. A mis pocos años me llamaba mucho la atención aquel evento inevitable de la vida. Me entristecía la idea de quedar viva mientras morían los demás, ¿por qué había que experimentar ese dolor de solo ser espectadora?, entonces pensé en los fantasmas, quería poder ser un canal con ellos, había algo fascinante en la idea de que la muerte no lo termina todo y que se pasa a ser una especie de entidad en otro plano buscando comunicarse con aquel mundo que antes...

La abeja y la flor de azafrán

La historia tiene lugar en un jardín. No quiero que se imaginen un bello jardín rodeado de grandes árboles, riachuelos y una fuente en donde se paseaban bellos peces koi. No, este era un jardín corriente; es más, era un jardín bastante pobre. El hogar al que adornaba era reconocida como la vieja casa de la bruja del pueblo, no es que fuera una bruja realmente, pero los niños tramaban historias sobre ella con sus cabellos canos y su casa habitada por ella junto a sus gatos. Se decía que hubo una vez un niño en el pueblo que osó entrar en su jardín y que ésta lo aprisionó y que hoy vivía en su jardín en forma de gnomo de yeso. También corría la leyenda de que esta bruja alguna vez fue una gran científica, pero que conoció tanto de mezclas químicas y elementos que más tarde se adentraría en el mundo de las pociones. A decir verdad, no era bruja para nada, solo una mujer muy solitaria, pero las historias de su vida estaban cobrando tanta realidad que su corazón comenzó a marchitarse, secan...