Estrella Negra
Despierto por la mañana y leo los mensajes que me enviaron amistades y familia que sabían de mi fanatismo: “Murió David Bowie”. Me revolví en la confusión. No sabía cómo experimentar esto y… Espera… ¿así es como quiero relatar esto? Me enfrento al momento de tener que escribir sobre una canción, un disco, algo que me remueva en la escena musical. Obvio que pienso en su último día, y en su último disco que salió un par de días antes de su muerte. Recuerdo que tenía una relación tóxica con un hombre en ese tiempo, y en uno de sus pocos actos faltos de narcisismo llegó con ese disco de regalo. No lo abrí. Me costaba hacerlo.
Algo en mí evitaba ese momento, marcaba más el
final al tomar ese disco y escucharlo, pero dejarlo ahí intacto me daba una
sensación de que quedaba más de su obra por experimentar, y eso lo dejaba de
alguna forma vivo.
Recuerdo que tiempo más tarde hablaba
con un amigo acerca de esto y me mencionó que tampoco lo había oído, que sentía
que hacerlo iba a hacerlo llorar. Le conté que yo lo tenía intacto. Prometimos
escucharlo juntos algún día, pero a pesar de tener la oportunidad postergamos
esa tarea.
Ahora tengo que escribir el relato y
pongo el disco en Spotify y lo escucho a través de los audífonos, pero de
alguna forma postergo la tarea de escribir. Voy a buscar la ropa sucia y la
echo a la lavadora. Preparo mi escritorio para escribir y recuerdo que no he
regado así que salgo al patio. Salgo mientras escucho Lazarus y voy esparciendo
el agua en un acto mecánico. De repente, algo toca mi espalda y mi mente se
paraliza un segundo que se hace algo eterno, hubiese jurado que una mano tocó
mi espalda. Esto podría ser algo sin ninguna importancia salvo por el hecho de
que vivo sola. Pero al darme vuelta solo vi una rama de un árbol que parece
haberme jugado una mala pasada. Claro, seguramente el fantasma de David Bowie
vendría a hablarme para decirme que escriba un relato póstumo a su muerte desde
el más allá.
Ya habiendo dado varias vueltas y en
que Spotify reproducía otro disco de él puesto que Blackstar es demasiado corto
como para regar todo el patio en mi tarea de evadir me dispuse a entrar, no sin
antes recordar la ropa de la lavadora que ya se había detenido y que
posiblemente comenzaría a acumular olor a humedad pronto, por lo que salí a
tenderla. Podría prepararme algo de comer luego de esto. ¿Qué quiero comer? ¿y
si me hago unos fideos? Pediría algo, pero ando pobre. Mejor me hago un pan… o
fideos… voy a pasearme frente a los muebles de la cocina y revolveré todo
durante unos 15 minutos para finalmente decidir comerme un par de galletas. No
quiero preparar nada. Podría haberme pedido algo para comer.
Ya, siéntate luego y escribe. Para de
evadir.
Despierto por la mañana y leo los
mensajes que me enviaron amistades y familia que sabían de mi fanatismo: “Murió
David Bowie”. La luz parpadea sobre mí. Como si una baja de voltaje atacara a
una sola ampolleta de la sala, la que casualmente es justo la que está sobre mí
¿Eres tú, David Bowie? ¿De verdad vienes a mí? ¿Quieres un relato póstumo desde
tu hogar en el más allá?
No parpadea más. Y me siento
frustrada, idiota y sin ideas.
Despierto por la mañana y leo los
mensajes que me enviaron amistades y familia que sabían de mi fanatismo: “Murió
David Bowie”. Y me dolió. Y en realidad creo que lo más fuerte de su muerte es
que me resistí y sigo resistiéndome a ella. Buscándolo en discos sin oír,
buscándolo en la rama del árbol, en la ampolleta de la sala, en una canción que
evito poner atención para evitar afrontarme a la idea de un cierre. Dejando un
relato a medias, para no darle un final.
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