No hay que confundir las cosas
Estás frente a mí, con tu respiración agitada que entremezcla el aire que sale de tu boca y de la mía. Y nuestras frentes se tocan, los ojos se cierran y solo es sentir. Ese olor tuyo que tanto amé. Esa boca tuya que por tantos años besé.
Y te siento cerca, cada vez más cerca, tu boca cada vez más
cerca. Y nuestras bocas se acercan al punto de rozarse, y se vuelven una sola
boca que se agita desesperada.
Mis manos te tocan, van hacia tu cuello para atraparte, tus
manos con la misma intención envuelven mi espalda.
Nuestras manos, nuestras bocas y nuestra piel nos muestran
cuanto se extrañaban, en este encuentro que sale del control de nuestra lógica,
de nuestra decisión de dejarnos, de nuestra determinación por ya no amarnos.
Y tu boca prueba el sabor de mi piel, mientras mi boca exhala
con fuerza. Nos vamos desprendiendo de la ropa y del juicio, uniéndonos,
fundiéndonos. Dejando que nuestros cuerpos sean los que hablen lo que nuestras
bocas han callado.
Luego nos acurrucamos, nos abrazamos. Que difícil es no
sentir que tú sabes perfectamente cómo abrazarme y acariciarme. Que difícil es
decidir que esto no sea amor. No hay que confundir las cosas, no hemos vuelto.
No hay que confundir las cosas, esto no es amor.
Y te acurrucas en mí, y tu piel es la piel que amo besar, y
tus labios son los labios que amo besar, y tu piel es la piel que amo tocar.
Pero no hay que confundir las cosas. No es amor. No hay que confundir las
cosas.
Te levantas y haces tus chistes que he conocido tan bien al
punto que se fueron volviendo míos. Te mueves por la casa como cuando fue tu
casa. Y te vas a prepararme la once exactamente como me gusta sin que te diga
nada, porque sabes bien cómo me gusta. Pero no hay que confundir las cosas. No
hemos vuelto. Esto no es amor. No hay que confundir las cosas.
Y mis ojos te miran, tus ojos me miran, y se siente un amor
inconfundible. Pero no hay que confundir las cosas, mi amor. No hay que
confundir las cosas.
Comentarios
Publicar un comentario