Egrégoras

 El término "egrégor" proviene del griego "egregoroi", que significa "vigilantes" o "guardianes". En lo esotérico, un egrégor o egrégora define una entidad surgida a partir del pensamiento o sentimiento de un grupo o colectivo. Se considera una manifestación de una fuerza o mente colectiva, capaz de influir en los pensamientos y acciones del grupo creador. De esta forma podemos entender que el pensamiento común de un grupo comienza a generar a través de estas ideas compartidas y con un propósito común con la misma intensidad, generando esta conciencia colectiva. Es una conciencia que nace del poder creador de los seres humanos, y que, de por sí, no tiene una connotación positiva o negativa, de hecho, podemos distinguir 3 grupos importantes en ellos: las egrégoras de energía neutra, que vendrían de grupos de personas con intereses comunes, como amistades o círculos de trabajo, que no tienen un impacto en la psique de las personas involucradas. Están también las egrégoras limitantes, que imponen creencias y comportamientos específicos a los miembros que la componen, muchas veces actuando a través del dolor, del miedo y/o la ira. Podríamos incluso mencionar que una de las entidades más importantes de este grupo y que resultaría reconocible incluso a nivel mundial sería la imagen del diablo. Si lo analizamos, la presencia de esta figura varía mucho de cultura a cultura, e incluso podemos ver representaciones que le entregan una personalidad y apariencia profundamente distinta según el grupo que lo genera. Por último, tenemos también el grupo de egrégoras fructíferas, que promueven valores positivos y de crecimiento personal, como movimientos humanitarios o espirituales, que buscan elevar la conciencia colectiva. En este punto podríamos analizar diferentes figuras que entregan esta energía, pero, me gustaría explicar con un ejemplo quizás mayormente reconocible dentro de nuestra cultura occidental, como es la figura de San Expedito. Y es que, según los estudios históricos, la figura de este santo nace por confusión. Sucede que, en el año 1781, llegó una caja con reliquias no identificadas a un convento de monjas en París. Las reliquias se habían desenterrado de las catacumbas de la plaza Denfert-Rochereau. El remitente de la caja (desde la misma ciudad) había escrito sobre la caja «Spedito» (refiriéndose a ‘correo expreso’), probablemente para acelerar su envío. Las monjas supusieron que las reliquias pertenecían a un tal «San Spedito». Y así entonces comenzó a formarse esta figura de San Expedito, el Santo de las causas urgentes. Ha sido fielmente seguido y mucha gente le entrega sus peticiones frente a las situaciones más abrumantes y urgentes, y afirman recibir ayuda rápida y efectiva ante estos pedidos. Así podemos entender que esta figura, nacida de un error de lenguaje, creó una figura santa que hasta día de hoy es venerada a lo largo y ancho del mundo. En resumen, entendemos que una egrégora es una entidad psíquica creada y sostenida por la energía colectiva, capaz de influir en sus miembros y en su entorno, y que exhibe una fuerte presencia de manera casi física.

 

Un caso muy llamativo que experimenté con los llamados Egregores fue el sucedido en el año 2019, cuando una conocida mía que trabajaba en el Hospital Barros Luco me llamó pidiendo ayuda. Sucedía que en su sector de trabajo sentían una presencia, sobre todo ya por la tarde-noche, lo que llaman típicamente como fantasmas. Decía que se percibía un olor extraño, las puertas se cerraban de manera abrupta, además de sentir una presencia que les perseguía e incomodaba al punto de sentirse mal y, obviamente, con mucho miedo. Me describía enfáticamente que se sentía como perseguida en el lugar, y que sus colegas decían sentir algo similar. Me pidió que fuera a ver qué sucedía, y así lo hicimos. Cuando llegué al lugar, la verdad, noté rápidamente que no se trataba de la presencia de desencarnados (que es como nos referimos en realidad a los seres que han dejado este plano, pero que sigue su alma atada al lugar), pero me dispuse a estudiar todo el espacio, a través de la radiestesia fui midiendo las energías en cada una de las salas, además de revisar con algunos instrumentos qué era lo que sucedía. A medida que nos acercábamos a un galpón donde guardaban cosas de poco uso fue donde fui percibiendo que las energías se volvían más densas. Había residuos energéticos de dolor, de miedo, muy fuertes, como si muchas personas hubiesen pasado por un evento muy traumático en el lugar. Entonces me encontré con la egrégora. Era dolor, miedo, un miedo colectivo, un dolor profundo de las almas de un grupo de personas. A medida que le explicaba esto a las personas del lugar asentían en silencio. Me explicaron que según muchos relatos ese galpón correspondía a un sitio donde muchos detenidos de la época de la dictadura fueron torturados. Ese dolor y miedo que experimentaron quedó en el lugar, formó una egrégora con ese trauma sostenido por todo ese grupo de personas y la entidad quedó ahí, alimentándose del miedo compartido, haciéndose cada vez mas fuerte. Destruir una egrégora de este tipo es complejo, pero también bastante liberador.

 

En ese tiempo manejaba aún menos herramientas que las que manejo hoy, aún así el trabajo fue bastante efectivo. Como suelo hacerlo yo, hago una mezcla de técnicas y símbolos. La verdad, no me considero muy apegada a la magia tradicional desde su sentido purista, para mí lo importante siempre ha sido la intención y la convicción de lo que se hace, además del dejarse guiar por la intuición. Usé una vela que dejé a la salida del lugar, la encendí con la convicción de crear un portal hacia la luz, también encendí un sahúmo, usé oraciones y códigos sagrados para invocar las energías de luz, de traer calma, de traer paz también a esas almas que quedaron atoradas con el dolor, con ese miedo. Lloré por ellos y con ellos, les invité a seguirme con el aroma del sahúmo, y a esa egrégora también la invité, mostrándoles que ya no había nada de qué temer, que el dolor debía ahora descansar. Poco a poco, a medida que nos íbamos acercando a la vela que estaba en la salida fueron despidiéndose del lugar, abandonando el dolor, y permitiendo que hoy ingresara la energía de la luz. Funcionó todo bien, y hasta día de hoy me han comentado que no ha habido más problemas en el lugar, que está todo tranquilo e incluso ha mejorado a nivel laboral todo el sector. Y es que, claro, una energía así para muchas personas se manifiesta como una incomodidad de la que desean huir.

 

Debes saber que todas las personas tenemos la capacidad de crear una egrégora, y podemos crear algunas benéficas. Para hacerlo solo debes buscar un lugar donde puedas estar tranquile y sin interrupciones. Debes elegir siempre el mismo horario, todos los días. Debes recitar: “Estoy aquí reunida con mis amigos espirituales y mi ángel de la guarda, que siempre me protege. Me gustaría agradecerles por todo lo que tengo en mi vida, y por este momento de unidad y paz. Me gustaría entender -aquí procedes a explicar la situación que quieres sanar-, y saber cuál es la mejor forma de avanzar”.

 

Pasado el tiempo podrás experimentar una especie de paz, de calma, podrás percibir algo a través de tu intuición, de sueños, o incluso podrías recibir la información que necesites a través de otro tipo de fuente. Solo debes confiar en que la egrégora creada buscará la forma de entregarte ayuda.

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