La casa

 Capítulo 1 – La Casa

Llegamos hace un año y medio a esta casa, quizás un poco más. Lo habíamos pasado mal, nos habíamos visto un poco encerrados el uno con el otro en la pieza que tuve en casa de mis padres. Si bien no nos molestaban era un espacio pequeño, nos agobiamos. Cuando nos ofrecieron esta casa veníamos con esperanzas de llenarnos de una nueva energía, de vernos en un espacio grande y lindo. Es una casa bastante grande, de esas con gran terreno como para ser 2 casas a la vez, con un patio enorme, todo para nosotros. Y llegamos los 3, Tú, yo, y nuestra Piu, la gatita más hermosa. Le costó un poco más que a nosotros adaptarse, pero la veíamos hacerse la reina de este hogar con gracia. Ustedes dos se abrazaban y dormían juntos, y yo, con mi insomnio, muchas veces me quedaba en vela. 

Es difícil ser quien no duerme… Te lleva a actuar desde la rabia y la desesperación. Debo decir que sentía el odio en mí de verte dormir mientras yo no podía, y me enojaba, y me desesperaba. No ves con claridad ni piensas bien cuando llevas noches enteras sin dormir.

Por otra parte, tú, tan negativo tantas veces. Yo creo que nadie que te conozca menos de lo que yo te conozco lo creería. Ríes tanto, bromeas tanto, levantas tanto el ánimo a cualquiera, que es difícil creer lo depresivo que te pones tantas veces. 

Nos cansamos el uno del otro en poco tiempo, y caímos en un distanciamiento cada vez mayor. Y cuando nos dijeron que la casa debíamos dejarla porque la pondrían a la venta todo se puso peor. La presión y la angustia nos llevó a sacar lo peor de nosotros. La casa se hizo tan grande que ya no nos encontrábamos en ella. Con motivo de mi insomnio prefería irme a una pieza sola para así quedarme despierta tranquila, y las noches se hicieron distantes, tú y yo nos hicimos distantes, tan distantes que cuando me dijiste que había que terminar ni siquiera me tomó por sorpresa. 

Te fuiste a finales del pasado agosto, y la casa se hizo tan grande que cabían tantos fantasmas en ella. Nos quedamos solas con la Piu, nosotras y tu ausencia, y la vi entristecer tanto. Yo me volví un alma en pena moviéndose por la casa, y lo que antes consideraba insomnio era nada comparado a cómo seguía ahora. La Piu por su parte te buscaba, y entristecía de no encontrarte. Y estabas en todo y en nada. En tu espacio vacío del closet, en tus zapatos que ya no ocupaban el mueble zapatero, en el silencio que dejaste, en toda tu presencia que te llevaste.

Tenía que irme de esta casa que ya no solo me decía que debía venderse, sino que también habitarla se volvía un tormento. Y todo se puso peor cuando de repente la Piu se empezó a sentir mal… No ahora, por favor…

Capítulo 2 - Piu

De repente, todo se fue volviendo peor. No podía ser que la vida me pusiera ahora en esta situación. Las visitas al veterinario eran cada vez más, y entre diagnósticos erróneos y exámenes por montones yo luchaba por arrebatársela de las manos a la muerte mientras todos me hablaban de ir preparándome para el final. Ya no podía con otro final. No este. Hablarme de su muerte era ver mi propia muerte.

No quería decirte nada. Una parte de mí te odiaba, porque te culpaba de estar provocándole esta pena a mi guagua que de verdad la estaba matando. Pero cuando me mencionaron las palabras cáncer y eutanasia sentía que ya no podía más. Te lo tuve que contar. Te odiaba, pero no podía dejar que nuestra gatita se fuera sin despedirse de ti.

No quería verte, pero agradecía verte. No quería hablarte, pero necesitaba hablarte. Me escuchaste y tus ojos se entristecieron con todo el relato. Y fuiste a abrazar a la Piu mientras yo los dejaba a solas. Te ronroneó, ella a diferencia mía no te guardaba rencor. Nunca lo hizo. Verla con su amor tan genuino bajó mis barreras y me acerqué a ustedes, y nos abrazamos. Y lloré, lloré tanto que no sabía que podía guardar tanto llanto dentro de mí.

Lo que vino después era todo lo que no hubiese esperado, nos acercamos, nos besamos con profunda desesperación y lágrimas, nos entregamos el amor que creíamos extinto, nos acurrucamos, nos sentimos, nos amamos profundamente, y nos quedamos con nuestra pequeñita entre nosotros que parecía agradecer todo esto.

Capítulo 3 – Shiva

Shiva es el nombre de uno de los Dioses centrales del hinduismo. En la tradición shivaita, Shiva es el Señor Supremo que crea, protege y transforma el universo, se asocia al caos y a la destrucción, pero aquella que precede a la creación del universo. Shiva tiene muchos aspectos, tanto benévolos como temibles. En sus aspectos benévolos, se le representa como un yogui omnisciente que lleva una vida austera en el monte Kailash, así como cabeza de familia con su esposa Parvati y sus tres hijos, Ganesha, Karttikeya y Ashokasundari. En su faceta más feroz, se le suele representar matando demonios. 

Shiva es, también, el nombre de mi gato.

Shiva apareció el día 3 de enero, este caótico enero en el que me veía buscando la manera de salvar a Piu. 

Yo no quería adoptar un gato, y mi ley era: “si debo adoptar otro gato, este llegará solo… no lo buscaré” y de esa forma llegó Shiva. Apareció en mi casa, solo, en medio del caos. Por ello, fue el primer nombre que vino a mí al verlo, por eso, y por su pelaje azulado, como la piel azul del dios Shiva. Shiva llegó a transformarlo todo. Como un pequeño torbellino que viene a remover todo aquello que ya no debía seguir, y así abrir paso a lo nuevo.

Para una bruja los gatos son más que mascotas, son nuestra familia espiritual. Los gatos nos protegen en los mundos Inter dimensionales, nos guían, nos curan, y nos renuevan las energías para continuar con nuestro trabajo. Yo creo que sobrecargué demasiado a Piu, y mi ser interno me decía que Shiva venía a relevarla en el trabajo. Shiva es un excelente nombre para darle poder a este compañero espiritual.

Piu aceptó a Shiva de inmediato, como si supiera que no venía a destronarla, sino a aliviarle la carga. Ella se entregó tranquila a su nueva labor de ser solamente gata, una gata amada.

Y así como llegó Shiva, de la nada, las cosas cambiaron también… de la nada.

Poco a poco Piu fue recuperándose de manera totalmente sorprendente para todos. Y lo que antes decía ser un cáncer fulminante resultó ser una infección bacteriana. Eso sí, no fue fácil, terminó perdiendo un riñón y sus expectativas de vida disminuyeron, pero fue realmente mágico verla sanar, verla cuidar del pequeño Shiva e incluso volver a jugar gracias a él.

Capítulo 4 – La Soledad

El aire se renovó, la casa se llenó de risa, de juego, de amor. Por mi parte, me atreví a ver una neuróloga que comenzó a tratar mi insomnio. Me carga tomar pastillas, pero la verdad, agradezco que ahora puedo dormir. 

La soledad dejó de ser una enemiga, comenzó a gustarme. Volví a escribir, volví a pintar, volví a amar mis espacios. La soledad puede ser tan odiada como amada, depende mucho de cómo nos enfrentamos a ella, si la vemos como enemiga, o como una posibilidad para aprovechar para llenarte de ti.

Llené los espacios de esta gran casa con mi energía y, por supuesto, la de Piu y Shiva, y ya dejó de ser tan grande. La habitamos entera y es hermoso. Tenemos mucho espacio para jugar. Solo me molesta cuando tengo que hacer aseo… eso sí que es una paja. Pero, la verdad, me encanta el espacio que tengo.

Tú no estás aquí, aunque ahora nos hablamos y nos acercamos. Vienes de vez en cuando y pasamos tiempo de juego y disfrute, incluso de amor. No sé si te quedes, pero, la verdad, no necesito que te quedes. Y quizás eso por mi parte era necesario. 

Capítulo 5 – Otra casa

Estábamos así un sábado de mañana, tomábamos el desayuno, y apareció otro milagro: totalmente de la nada vino a verme una antigua vecina de la casa de mis padres. Me dijo que quería vender su casa, y quería que se quedara con alguien de confianza. Es una casita más pequeña que esta, pero bastante acogedora. Me dijo que si quería comprarla me haría un precio y facilidades de pago… ¿en serio?... Se lo conté a mis padres y se fascinaron con la idea, tanto que me ayudaron a gestionarlo todo. Así que, ya tengo casa, a fin de año me estaré mudando.

Es increíble cómo cambia la vida de un momento a otro, tanto para mal como para bien. La única constante es el cambio.

¿Habrá sido que tenía que aprender a estar sola? ¿habrá sido la llegada de Shiva? ¿Habrá sido que el dios Shiva se sintió honrado al usar su nombre? No sé nada… Solo sé que solo hay que confiar y entregarse al cambio. Todo puede llegar como por milagro.

Lo otro que aprendí es que la soledad cuando la abrazamos se vuelve una gran compañera.




Comentarios

Entradas más populares de este blog

Estrella Negra

Olivia

No hay que confundir las cosas