Más allá del maullido
Este relato no es realmente un relato, sino una conversación que tuve con Piu (mi gata mayor) y Shiva (mi gato menor). Lo realicé mediante una lectura de Registros Akáshicos, es decir, accedí a los libros universales de las almas para encontrar las respuestas que ellos mismos querían dar.
Decidí
traducir la experiencia en forma de entrevista para acercarla al lenguaje
humano, pero sus respuestas son tal y como las recibí. No hay mayor Verdad que
el idioma de las almas.
Era la mañana del martes,
hacía frio, así que puse la estufa para calentarnos. La Piu se recostó en su
camita frente al fuego, y Shiva se sentó en el sillón a mi lado. Estábamos los
tres en este espacio que previamente había protegido.
Pedí asistencia a los ángeles,
y sin libreta ni grabadora, solo con el corazón abierto y los sentidos
despiertos, me preparé.
Cerré los ojos, respiré
profundo, y entonces me senté a conversar con mis compañeros felinos: La
preciosa y encantadora Piu, y Shiva el pequeño místico
¿Cómo sienten que se unen
nuestras almas?
Fueron sus voces internas las
que respondieron, con una claridad que sólo el corazón puede traducir.
Shiva, con su energía
juguetona y pura, fue el primero en hablar:
—Te vi herida, yo también lo estaba. Tu corazón me llamó. Lo sentí en la
entrada de la puerta. Yo era pequeño, y tu corazón me cuidó. Agradezco mucho
eso. Sentí tu amor y cuidado, y así te volviste mi mamá humana. Nuestros
caminos estaban trazados así, lo sé.
Luego, Piu, con su voz pausada
y su mirada sabia, me habló como lo haría una guardiana de muchos inviernos:
—En todo. En el calor de
nuestros corazones unidos, cuando estoy en tu pecho. En cómo me sientes y cómo
te siento. El amor es la mayor unión. Sé que a veces no te entiendo, ni tú a
mí, pero siempre confío en tu amor.
¿Hay algo que quisieran
decirme y no han podido?
Shiva se acomodó, se lavaba el
cuerpo y cada un par de segundos me observaba:
—Me gusta que juegues conmigo. Si fuera humano como tú, seguramente reiría
mucho cuando me besas la panza y yo hago como que no quiero... pero lo cierto
es que sí. Me das cariño y juego, y me son importantes esos momentos de
conexión.
Piu, por otra parte, dejando
asomar una nostalgia Antigua respondió:
—Sé que hemos pasado momentos dolorosos y tristes. Yo me sentí muy triste,
tanto por los cambios que sucedieron en la casa como por verte a ti triste. El
amor que te tengo es muy grande, y el amor a mi papá también. Quisiera no tener
que elegir a ninguno. Me gustaría sentir que todo es como antes… Aun así,
confío plenamente en ti. Confío en que estaremos bien, y agradezco cada minuto
de tus cuidados. Sé que me amas, y yo también te amo.
La luz cambió, como si el aire
escuchara también. Entonces les hice una última pregunta:
¿Cuál es su mensaje para los
humanos?
Shiva se paró curioso y
directo:
—La vida debiese ser más
simple para ustedes los humanos. Amar, jugar, reír… no debiese limitarse solo a
unos minutos. Sus vidas son agitadas y eso muchas veces los llena de miedo,
ansiedad, frustración, rabia. Sentarse a ver las hojas, los insectos, sentir el
sonido de las plantas… es algo que olvidaron. Retómenlo. De verdad les hará
bien.
Piu, con voz suave como una
canción que se canta al oído:
—Cuidado y amor. Sentir y vivir el amor aun cuando más tarde pueda doler.
Mientras está, es maravilloso. Y no vivirlo es herir al alma. Toquen sus manos,
sus rostros, fúndanse en los abrazos, en las caricias. El amor debe vivirse.
Solo el amor puede sanar algunas heridas.
Abrí los ojos. Shiva dormía
enroscado cerca, con su panza al aire, y Piu me miraba desde su camita frente
al fuego con ese amor que no necesita palabras.
A veces, solo hay que saber
escuchar para entender que nuestros animales no solo nos acompañan... también
nos enseñan a ser humanos.
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